Marketing de salud y las pandemias

Dagoberto Páramo Morales, PhD
Redacción La Revista

 

Los últimos sucesos acaecidos en el mundo nos tienen tan asustados que no sabemos qué hacer. El miedo a morirnos, hoy se ha convertido en una de las más terribles ansiedades que se ha instalado en nuestras atribuladas mentes. Eso nos ha llevado a perder la tranquilidad y en consecuencia a comportarnos de forma tan irracional que cuando todo esto haya pasado, nos veremos a nosotros mismos sumidos en un mar de burlas de todo aquello que hemos hecho sin siquiera pensarlo. Nos cercioraremos que nos hemos dejado arrastrar por los rumores que corren desbocados y por los sabihondos que han aparecido por doquier para dar cátedra de lo que debía hacerse para protegernos del virus aunque ello no quiere decir que nada debamos hacer. Por supuesto que debemos seguir las indicaciones que los profesionales nos indiquen. Es tal el desasosiego que nos corroe que ni sin siquiera sabemos qué significan las palabras que andan de boca en boca y que tanto nos angustian: epidemia, endemia y pandemia. Pocos saben que la epidemia se refiere a la aparición de una serie de casos que se incrementan y luego disminuyen, que la endemia hace mención a alguna infección que está presente en una zona de manera permanente por años y que la pandemia es una epidemia que surge en el mundo de forma más o menos simultánea.

A partir de esta experiencia tan traumática que estamos padeciendo, es sano darnos cuenta que nuestro sistema de salud no ha estado debidamente preparado para hacer frente a tan inmenso reto. Los casos se han multiplicado de forma exponencial y ha sido tardío y errático el proceder de las autoridades competentes. Es aquí donde el marketing de salud debería aparecer con tal fuerza a fin de estar preparados para casos como el del coronavirus que se ha venido propagando por el mundo entero. Es poco lo que se le puede pedir al sistema de salud pública que en Colombia cada día está más deteriorado, desfinanciado y enredado en un enjambre burocrático y politiquero que bien poco podría contribuir. Las esperanzas podrían recaer en las EPS (Empresas Prestadoras de Salud) pero con un sustancial giro que no parece estar dispuestas a dar.

Valdría la pena que las actividades promocionales enmarcadas en el marketing de salud se concentraran mucho más en la prevención y menos en la cura de determinada enfermedad. Infortunadamente, estas empresas a las que el Estado les transfirió su responsabilidad de conservar la salud ciudadana están más dedicadas a defender sus propios intereses económicos -vía la cura de los males- y no tanto en desarrollar ágiles, oportunos y eficientes programas de salud que eviten que sus afiliados se enfermen. Estos esfuerzos deberían focalizarse en buena parte en la contratación de profesionales de la salud que, desde la psicología, la sociología y la antropología, contribuyan a mitigar el miedo que este tipo de pandemias produce en toda la población. El marketing de salud debería dedicarse a prever lo que podría suceder antes que en buscar la pócima que alivie todo tipo de enfermedad. Llegó la hora que la salud vuelva a ser un derecho y no una mercancía como lo ha sido hasta ahora. Algo positivo tenía que traernos el coronavirus.

 

 

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